martes, 4 de enero de 2011

El liberal no tiene a quién votar

Según el diccionario de la Real Academia Española,  "LIBERAL" es: "Partidario de la libertad individual y social en lo político y de la iniciativa privada en lo económico". Pues, en esencia, eso es lo que yo siento políticamente hablando.

El problema es que ningún partido político representa en España estos ideales, ninguno. Así es que, de momento, y a falta de otra alternativa, seguiré, con razón, quejándome de unos y de otros, sufriendo a unos y a otros...y sin poder votar...

Recuerdo que en mi época de estudiante cualquier cambio en una norma que no afectara demasiado a nadie suponía una algarabía general, manifestaciones, huelgas, etc...y eso que hablo de unos años en los que ya empezaba el conformismo que provoca el miedo a ser libre.

Pero hoy me pregunto: ¿Dónde están los estudiantes?, ¿dónde las ganas de cambiar el mundo?, ¿por qué a la gente le da igual no poder fumar en ningún sitio (conste que -ya- no fumo), tener que llevar casco cuando vas a desplazarte 50 metros en moto so pena de multa, o el cinturón en el coche en un pueblo pequeño para ir de casa de tus padres a la tuya? ¿por qué nadie se queja de que si te tomas dos cervezas des positivo y te busques la ruina y si vas drogado, como no hay forma de detectarlo, no pase nada? ¿por qué no puedes ir a más de 120 en una vía rápida que conoces de toda la vida?, ¿por qué los políticos me tienen que decir lo que tengo que hacer cuando no he permitido ni a mis padres que me lo digan? y, sobre todo, y dadas las circunstancias actualmente, me pregunto ¿por qué nadie se queja de nada? ¿por qué tan poca gente quiere ser libre, y lo que es peor, por qué a los que quieren serlo les da igual no poder serlo?.

Dicho todo lo cual, me pregunto, ¿podré votar algún día?.





   

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Día de Navidad. Misa de siete.

Repican las campanas, las tripas están llenas,
de tedio, de comida, de hipocresía, de fiesta.

No hay pobre en vuestra mesa, ni amigo, ni vecino,
tan solo tú, contigo, con los tuyos, con los mismos.

-Venga, vamos, hay que ir, a la misa de las siete,
estarán todos allí, ¡y hoy yo soy tan feliz!...

-Saca el oso del armario, ya pasó la hibernación (que para eso te lo pago)
-¿Cuál es, el blanco, o el marrón?
- El marrón no es oso, creo, yo diría que es visón, pero tú ponte el más oso, el más largo, el mejor; aunque parezcas tú el oso y yo un pobre cazador.

A la puerta de la iglesia, pardiez, esto no puede ser,
los feligreses son ricos, enjoyaos hasta los pies,
se miran unos a otros, se saludan, ¿todo bien?
Sí, sí, sí, sí, muy muy bien,
hasta que pasa el platillo, vaya no llevo un eurillo
¡ah!, sí, anda, una peseta, yo la echo, que igual suena

Y otra vez vuelta a empezar, hasta la misa de siete la próxima Navidad.

viernes, 3 de diciembre de 2010

De la amistad y el mundo globalizado

Estos días estoy leyendo "Correspondencia", que, como su propio nombre indica, recaba parte de las numerosas cartas que se enviaron Gustave Flaubert y George Sand durante 10 años (desde 1866 hasta 1876). Mucho me ha impresionado la verdadera amistad, sin ataduras, que mantienen ambos a pesar de sus diferencias; la libertad para decirse lo que querían o necesitaban comunicar, de forma respetuosa, que no condescendiente; y su íntima comunicación, su profunda complicidad, a pesar de las dificultades de la correspondencia en aquella época, incluida una guerra.

Me ha hecho reafirmarme en mi idea de que el mundo globalizado que habitamos los mortales, y la aparente facilidad de comunicación, móviles, chats, facebook, etc...ha llevado, muy al contrario, al detrimento de la amistad, o si queréis, al fomento de una amistad consumista e infantil, superficial, y de complacencia, que, paradójicamente, cuanto más se cultiva, más hace que te sientas sólo.

Las opiniones vertidas en estos medios son, por lo general, extremadamente halagadoras y complacientes per se, todo el mundo es bueno, a todos les gusta lo que escriben los otros, y cuando alguien expone una opinión levemente controvertida se crea un pequeño cataclismo...

Cierto es que quizá equivoco la finalidad de estos medios, no lo negaré, pero, me pregunto, pues, por qué, si son tan diferentes, han logrado sustituir las cartas de antes, reflexionadas, sinceras, auténticas, que el mero hecho de sentarse a escribirlas ya significaba haber pensado en "el otro" de verdad, dónde queda la entrega verdadera a los amigos, el compromiso de decir lo que uno piensa sin temor a sentirse incómodo, dónde la madurez necesaria para superar las diferencias y seguir adelante, en definitiva, la amistad fuera del pequeño micromundo que cada uno de nosotros nos hemos construido alrededor...

¿No somos seres sociales? ¿No echáis de menos a los amigos de verdad?