miércoles, 22 de diciembre de 2010

Día de Navidad. Misa de siete.

Repican las campanas, las tripas están llenas,
de tedio, de comida, de hipocresía, de fiesta.

No hay pobre en vuestra mesa, ni amigo, ni vecino,
tan solo tú, contigo, con los tuyos, con los mismos.

-Venga, vamos, hay que ir, a la misa de las siete,
estarán todos allí, ¡y hoy yo soy tan feliz!...

-Saca el oso del armario, ya pasó la hibernación (que para eso te lo pago)
-¿Cuál es, el blanco, o el marrón?
- El marrón no es oso, creo, yo diría que es visón, pero tú ponte el más oso, el más largo, el mejor; aunque parezcas tú el oso y yo un pobre cazador.

A la puerta de la iglesia, pardiez, esto no puede ser,
los feligreses son ricos, enjoyaos hasta los pies,
se miran unos a otros, se saludan, ¿todo bien?
Sí, sí, sí, sí, muy muy bien,
hasta que pasa el platillo, vaya no llevo un eurillo
¡ah!, sí, anda, una peseta, yo la echo, que igual suena

Y otra vez vuelta a empezar, hasta la misa de siete la próxima Navidad.

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